• Mamà Cuervo

Mama y las infografias.

Actualizado: 19 de jun de 2019

Al momento de egresar de la licenciatura en Artes Plásticas, opción gráfica, de la Universidad Veracruzana, regresé a mi ciudad de origen, para encontrarme con un escenario adverso, debido a la falta de oportunidades que encajen con mi perfil profesional, además del poco o nulo interés en las Artes Plásticas dentro del sistema educativo oficial. En esta circunstancia surge la iniciativa de generar mi propio empleo, así decido implementar un taller de artes para niños y jóvenes, complementando con clases a preparatorias. Antes de iniciar el taller me enfoqué en comprender las necesidades y gustos de los niños: ¿Qué necesidades tienen los niños en Minatitlán? ¿Ha cambiado el método de aprendizaje para los niños? ¿Qué intereses y preocupaciones tienen? Me doy cuenta que su infancia es muy diferente a la mía, ahora los niños tienen muchísima información a la mano, pese a esto no retienen demasiada. La transformación urbana en cambio no ha sido significativa, la ciudad continúa con las mismas necesidades y problemáticas que la afectaban en mi infancia. Es así que tomé como modelo mis propias necesidades, haciendo una revisión de las dificultades que tuve siendo una niña en esta ciudad.

La motivación y la creatividad han sido parte fundamental en la creación del taller y en mi propio desarrollo escolar, debo decir que jamás fui una alumna de diez, desde pequeña tuve muchos problemas con el método educativo imperante, para aprender algo siempre necesitaba saber el porqué, me cuestionaba acerca de dónde provenía esa información y la manera en que se llegaba a esas conclusiones tan tajantes, el para qué del conocimiento y su aplicación cotidiana me parecían indisociables, dos lados de la misma moneda puesto que debía comprenderlo desde todos sus ángulos para poder recordar y “memorizar” como se me pedía en ese entonces. La dinámica dentro del salón de clase, el permanecer varias horas sentada, sin hablar, ni moverme demasiado, desencadenaban en mí cuadros de ansiedad e incluso depresión, creando poco a poco un disgusto generalizado por cualquier centro educativo en general, ya fuera la escuela o cualquier centro de desarrollo al que se me ingreso. Mi concentración es sumamente dispersa debido a padecimientos identificados como dislexia y déficit de atención, que fueron una batalla que “superé” en gran medida al ser diagnosticados y con las estrategias que mi madre implementaba en mi aprendizaje, juegos y esquemas diseñados con materiales que tuviese a su alcance, ilustrados y coloreados por ella, tuvieron como consecuencia la comprensión de los temas que había visto previamente en la escuela sin obtener resultados. De modo que asistía a la escuela a cumplir con un horario y al llegar a casa ocurría el verdadero aprendizaje. Al iniciar la educación primaria el aburrimiento y la ansiedad por permanecer en un salón se agravaron notoriamente, me resistía a asistir cada mañana a la escuela, este comportamiento llamó la atención de mis maestros, mis notas eran altas, pero mi deseo por no asistir y realizar esas tareas repetitivas era una lucha constante.

La maestra Rubicelia Contreras López (con estudios en psicología educativa) le sugirió a mi madre darme tareas dentro del salón de clases, motivarme a tener un rol más participativo, apoyar a otros compañeros e incluir actividades como el tejido, que siempre se me facilitó por enseñanzas de mi madre. Además realizaba actividades plásticas en las que tenía el rol de auxiliar a mis compañeros, eso me mantuvo muy interesada y motivada, situación que continuó por recomendación de la maestra durante la primaria. No se olvida jamás a un maestro así.

Posteriormente los métodos que mi madre implementaba para mi aprendizaje resultaron de gran utilidad para las evaluaciones, al necesitar recordar datos los visualizaba mejor gracias a los materiales didácticos que representaban un acceso directo a la información, además de reforzar un sentido de tranquilidad y seguridad en mis conocimientos. Un recuerdo muy presente y significativo en mi paso por estas situaciones fue un examen de ingreso, en el que me descubro realizando estos pasos con mi borrador y pedazos de papel, seccionando partes para solucionar un problema de fracciones, cosa que me tranquilizó y dio seguridad para continuar con la evaluación, trayendo a mis recuerdos los esquemas y juegos, dándome la oportunidad de alcanzar una nota que me ubicó en los primeros lugares de ingreso a la secundaria. Debido a esto la motivación, el respaldo de mis padres y maestros ha sido fundamental para mi aprendizaje y deseos de seguir aprendiendo.

Cabe mencionar que estos esquemas sintetizados, apoyos visuales, juegos etc., lograron centrar mi interés y atención en comprender algo que era sencillo y ligero por sí mismo, en contraste con bloques interminables de texto que tan sólo abordarlos ya representaba un problema, puesto que me parecían encausados, la mayoría de las veces, hacia una opinión o juicio preestablecido, que no me permitía apropiarme de la información. Todos estos factores, mi experiencia durante los primeros años de aprendizaje, junto con los vacíos culturales de la ciudad, me hicieron decidirme por implementar estas estrategias encaminadas a promover la libertad e independencia en la enseñanza, apoyándome en métodos visuales y materiales interactivos como herramientas imprescindibles para el aprendizaje en términos artísticos dentro del taller.

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